Hace
más de 30 años, Amelia del Carmen Muñoz Guajardo decidió apostar por un oficio
que heredó de su padre y abuelos: la apicultura. Con tres hijos pequeños y
recién llegada desde la Séptima Región a San Esteban, comenzó prácticamente
desde cero. Hoy, a sus 62 años, lidera Miel de Cristal, un emprendimiento que
combina tradición familiar, innovación y un profundo respeto por la naturaleza.
“Partí
comprando 50 núcleos de abejas, pero se me murieron la mitad. Fue difícil pasar
de una apicultura rústica a una moderna. Pero nunca perdí la fe”, recuerda
Amelia, quien representa la cuarta generación de apicultores de su familia.
Desde
entonces ha recorrido un camino de aprendizaje constante: capacitaciones con
INDAP, seminarios, libros y, sobre todo, la observación directa de sus
colmenas. Su experiencia le ha permitido enfrentar desafíos cada vez mayores
como el cambio climático, la sequía y las plagas que amenazan la sobrevivencia
de las abejas.
Tal
como ella señala, la diferencia de Miel de Cristal está en la filosofía detrás
de su producto: una miel limpia, multifloral y de flora nativa, obtenida en
colmenares alejados de la ciudad y libres de contaminación. “No solo vendo
miel, vendo conocimiento, historia y la experiencia de consumir un producto con
tradición y transparencia”, asegura. Además, ha diversificado su oferta con
propóleo, polen, bálsamos, cremas y jarabes naturales.
Amelia
trabaja con cerca de 400 colmenas, cada una con aproximadamente 60 mil abejas,
lo que le ha permitido alcanzar producciones que van desde 900 kilos hasta años
excepcionales con más de 3 mil kilos de miel. Consciente de que la apicultura
es también un servicio a la vida, recuerda que “el 70% de las hortalizas se
polinizan gracias a las abejas”.
Con
su emprendimiento, Amelia no solo busca sostener a su familia, sino también
educar y abrir mercado para un consumo más consciente. Desde ferias regionales
hasta envíos a todo Chile, su lema es claro: “El querer es poder, y aunque el
camino sea difícil, siempre hay una luz”.